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    Análisis de la producción de frambuesa en México durante 2023-2025

    La frambuesa mexicana atravesó entre 2023 y 2025 una etapa de contracción productiva, acompañada por una recomposición territorial y por un fuerte deterioro del valor generado al cierre del periodo. La producción nacional pasó de 190,412 toneladas en 2023 a 175,544 toneladas en 2024 y 166,127 toneladas en 2025, una reducción acumulada de 12.8%. La caída respondió principalmente a una menor superficie cosechada, que disminuyó 8.0%, aunque también hubo pérdida de productividad, pues el rendimiento nacional bajó de 18.54 a 17.58 toneladas por hectárea. Aproximadamente 63% de la disminución del volumen entre 2023 y 2025 puede asociarse al ajuste de superficie y el resto al menor rendimiento. La contracción, por tanto, no fue solamente una decisión de escala: también existió una menor capacidad para convertir cada hectárea cosechada en toneladas.

    El sector conservó, al mismo tiempo, una concentración geográfica extraordinaria. Jalisco, Michoacán y Baja California aportaron 97.0% de la producción nacional en 2023 y todavía 96.3% en 2025. Sin embargo, el equilibrio interno cambió. Jalisco reforzó su participación hasta 66.5% del volumen nacional, no porque creciera, sino porque resistió mejor que Baja California, cuya producción cayó 39.1% en dos años. Michoacán mantuvo prácticamente su volumen y ganó participación, aunque con deterioro de rendimiento en 2025. En el extremo opuesto, Puebla mostró una expansión interesante desde una escala pequeña. El otro gran cambio ocurrió en el valor de la producción: después de alcanzar 13,471 millones de pesos en 2023 y 12,822 millones en 2024, descendió a 8,544 millones en 2025, debido a una caída muy marcada del precio promedio ponderado, particularmente en Jalisco.

    Evolución de la producción nacional

    El movimiento nacional muestra dos años consecutivos de ajuste. Entre 2023 y 2024 la producción disminuyó 7.8%, equivalente a casi 14,900 toneladas. En 2025 la reducción continuó, aunque a un ritmo menor, con una caída adicional de 5.4%. En conjunto se perdieron 24,285 toneladas respecto de 2023. La trayectoria sugiere que el sector no experimentó un choque aislado de un solo año, sino una fase de reducción sostenida.

    La composición de esa caída es relevante. La superficie cosechada pasó de 10,272 hectáreas en 2023 a 9,874 en 2024 y 9,448 en 2025. Al mismo tiempo, el rendimiento retrocedió 4.1% durante el primer año y otro 1.1% en el segundo. Esto significa que en 2024 coincidieron dos fuerzas negativas, menos hectáreas y menor productividad, mientras que en 2025 la contracción volvió a estar dominada por el ajuste de superficie. El sector llegó al final del periodo con una estructura más pequeña y con un rendimiento promedio todavía por debajo del nivel de 2023.

    Distribución geográfica de la producción

    Jalisco es el centro indiscutible de la producción nacional. Generó 122,021 toneladas en 2023, 110,262 en 2024 y 110,472 en 2025. Aunque su producción quedó 9.5% debajo de 2023, su participación aumentó de 64.1% a 66.5%, reflejo de una contracción más severa en otras regiones. La entidad mantuvo 6,759 hectáreas cosechadas tanto en 2024 como en 2025, por lo que la estabilidad del último año provino de una ligera recuperación del rendimiento.

    Michoacán ocupó el segundo lugar en 2025 con 29,856 toneladas, equivalentes a 18.0% del total. Su producción fue apenas 1.6% menor que en 2023, mientras su superficie cosechada aumentó de 1,162 a 1,201 hectáreas. Esto le permitió ganar alrededor de dos puntos porcentuales de participación nacional. El costo fue una caída de productividad: el rendimiento bajó de 26.12 a 24.86 toneladas por hectárea.

    Baja California presentó la pérdida competitiva más visible. Su volumen disminuyó de 32,250 a 19,652 toneladas entre 2023 y 2025, y su participación cayó de 16.9% a 11.8%. La principal explicación fue la reducción de superficie cosechada, de 1,731 a 1,131 hectáreas, aunque también retrocedió el rendimiento. Por sí sola, la entidad explica más de la mitad de la pérdida neta de producción nacional. Puebla avanzó en sentido contrario: pasó de 1,258 a 1,591 toneladas, con 99 hectáreas cosechadas en 2025 frente a 82 en 2023 y un rendimiento final superior al inicial. Guanajuato permaneció estable alrededor de 4,300 toneladas.

    Comportamiento de los ciclos agrícolas

    La producción de frambuesa durante todo el periodo correspondió al ciclo de perennes. No aparece una división productiva entre otoño-invierno y primavera-verano que redistribuya el volumen entre ciclos anuales. Por ello, la lectura competitiva del cultivo depende más de la evolución de la superficie, la modalidad hídrica, el rendimiento y la localización territorial que de cambios en la participación de distintos ciclos agrícolas.

    Esta característica también vuelve especialmente relevante la trayectoria de la superficie. Cuando una región reduce hectáreas, como ocurrió con Baja California y parcialmente con Jalisco, el impacto se refleja de forma directa en la capacidad productiva reportada. En contraste, la expansión moderada de Michoacán y Puebla permitió amortiguar parte de las pérdidas observadas en otras zonas.

    Diferencias entre riego y temporal

    El cultivo es prácticamente dependiente del riego. En 2023 esta modalidad concentró 99.98% de la producción; en 2024 representó nuevamente 99.98% y en 2025 se mantuvo en 99.79%. El temporal tuvo una presencia mínima, con 44 toneladas en 2023, 31 en 2024 y 348 en 2025. Aunque el crecimiento de 2025 es llamativo en términos porcentuales, parte de una escala tan reducida que no modifica la estructura nacional.

    En 2025 el temporal alcanzó un rendimiento agregado de 20.47 toneladas por hectárea, superior al promedio de riego, pero el resultado se concentró en apenas 17 hectáreas cosechadas y estuvo impulsado principalmente por municipios de Puebla. Calpan, Domingo Arenas y Huejotzingo registraron rendimientos elevados bajo temporal. El hallazgo señala una posibilidad productiva puntual, pero su escala es insuficiente para considerarla una alternativa equivalente al riego. La estructura comercial de la frambuesa mexicana continúa sustentándose casi por completo en superficies irrigadas.

    Superficie sembrada y superficie cosechada

    La superficie sembrada disminuyó de 10,306 hectáreas en 2023 a 9,886 en 2024 y 9,489 en 2025, una reducción acumulada de 7.9%. La superficie cosechada siguió una trayectoria prácticamente paralela, con una caída de 8.0%. La diferencia entre ambas fue muy pequeña: quedaron sin cosechar 34 hectáreas en 2023, 12 en 2024 y 41 en 2025. En todos los años se cosechó más de 99.5% de la superficie sembrada.

    Esto indica que el principal problema de escala no estuvo en una creciente proporción de hectáreas sembradas que después no llegaran a cosecha. El ajuste ocurrió antes: hubo menos superficie incorporada o mantenida en producción. Baja California aportó la señal más clara, al perder 600 hectáreas cosechadas frente a 2023. Jalisco redujo 277 hectáreas y luego estabilizó su superficie. Michoacán agregó 39 hectáreas y Puebla 17. De cara al crecimiento, la recuperación nacional exige tanto proteger las hectáreas existentes como identificar dónde una expansión puede acompañarse de rendimientos competitivos.

    Rendimiento y productividad por hectárea

    El rendimiento nacional cayó de 18.54 toneladas por hectárea en 2023 a 17.78 en 2024 y 17.58 en 2025. La diferencia territorial, sin embargo, es amplia. Michoacán siguió siendo la entidad de mayor productividad entre los grandes productores, con 24.86 toneladas por hectárea en 2025, pese a retroceder desde 26.48 en 2024. Jalisco cerró en 16.34 toneladas, Baja California en 17.38, Guanajuato en 18.15 y Puebla en 16.07.

    Los municipios muestran con mayor claridad dónde existe ventaja productiva. Zamora produjo 14,450 toneladas en 2025 con un rendimiento de 26.04 toneladas por hectárea; Jacona alcanzó 25.06; Los Reyes y Peribán, 25.45; y Tangancícuaro, 23.24. En Jalisco sobresalieron Jocotepec, Tuxcueca y Tizapán el Alto, todos alrededor de 23 toneladas por hectárea. Jocotepec destaca porque combina esa productividad con una escala de 1,532 hectáreas cosechadas, una combinación poco común entre los principales municipios.

    También existen zonas donde la oportunidad está más en elevar productividad que en ampliar superficie. Zapotlán el Grande mantuvo 2,721 hectáreas cosechadas durante los tres años, pero su rendimiento descendió de 13.70 a 13.19 toneladas por hectárea. Tuxpan pasó de 16.00 a 13.19 con la misma superficie, y Amacueca de 14.00 a 10.77, también sin reducción de hectáreas. En estos casos, recuperar rendimiento tendría un efecto directo sobre el volumen sin requerir una expansión territorial.

    Precios y valor de la producción

    El precio promedio ponderado nacional mostró una ruptura en 2025. Pasó de aproximadamente 70,745 pesos por tonelada en 2023 a 73,039 en 2024, un incremento de 3.2%, pero cayó a 51,431 pesos en 2025, 29.6% menos que un año antes. La combinación de menor producción y menor precio provocó que el valor total descendiera 36.6% frente a 2023.

    Jalisco concentró la mayor parte de este deterioro. Su precio promedio pasó de 61,383 pesos por tonelada en 2023 a 68,964 en 2024 y después a 39,241 en 2025. Su valor de producción cayó de 7,604 millones de pesos en 2024 a 4,335 millones en 2025, pese a que el volumen prácticamente no cambió. Jocotepec ilustra la magnitud del ajuste: produjo 3.9% más en 2025 que en 2024, pero su precio promedio cayó de alrededor de 125,408 a 42,221 pesos por tonelada, reduciendo drásticamente el valor generado. Tuxcueca y Tizapán el Alto presentaron un comportamiento similar.

    Baja California siguió una dinámica distinta. Su precio se mantuvo cerca de 119 mil pesos por tonelada en 2025, muy por encima de los demás grandes estados, por lo que la caída de valor obedeció principalmente a la reducción del volumen. Michoacán, en cambio, cerró con un precio promedio de 53,345 pesos por tonelada y un valor cercano a 1,593 millones de pesos, ligeramente superior al de 2023 pese a producir menos. La competitividad económica, por tanto, no depende solamente de producir más: la capacidad de sostener precio cambia radicalmente el resultado final.

    La capital nacional de la frambuesa

    En 2025, Zapotlán el Grande puede considerarse la capital productiva de la frambuesa mexicana por volumen. El municipio generó 35,900 toneladas, equivalentes a 21.6% de la producción nacional, y superó por un margen estrecho a Jocotepec, que produjo 35,251 toneladas y representó 21.2%. Entre ambos concentraron 42.8% de toda la frambuesa del país.

    El liderazgo, sin embargo, cambió durante el periodo. Jocotepec encabezaba en 2023 con 42,257 toneladas, mientras Zapotlán el Grande producía 37,274. En 2024 la posición se invirtió. La fortaleza de Zapotlán está en su gran escala y estabilidad de superficie: conservó 2,721 hectáreas cosechadas los tres años. Su debilidad es el rendimiento relativamente bajo frente a otros polos líderes. Jocotepec, en cambio, combina una superficie menor con un rendimiento cercano a 23 toneladas por hectárea, pero redujo 248 hectáreas frente a 2023 y mostró una fuerte volatilidad de precio. Más que un único centro incontestable, la frambuesa mexicana tiene actualmente un núcleo productivo dual dentro de Jalisco, con Zapotlán como líder por volumen y Jocotepec como referente por combinación de escala y productividad.

    Tendencias y desafíos del sector

    El periodo 2023-2025 deja tres desafíos centrales. El primero es recuperar escala productiva. La pérdida de superficie explica la mayor parte de la caída nacional, con Baja California como principal foco de contracción. El segundo es recuperar productividad, especialmente en regiones que conservaron hectáreas pero obtuvieron menos toneladas por unidad de superficie. El tercero es proteger el valor económico: el desplome del precio promedio en 2025 redujo los ingresos del sector mucho más rápido que la producción física.

    También emergen oportunidades claras. Michoacán reúne los rendimientos más altos de manera consistente y conserva una masa productiva relevante, aunque necesita revertir la caída de productividad observada en 2025. Puebla muestra señales de expansión en superficie, volumen y rendimiento, por lo que representa un polo pequeño pero dinámico. Guanajuato ofrece estabilidad, mientras algunos municipios de Jalisco evidencian que existen ganancias posibles sin ampliar hectáreas, simplemente recuperando rendimiento.

    La principal conclusión es que la frambuesa mexicana terminó 2025 con menor escala y menor valor que dos años antes, pero con una geografía productiva todavía sólida y claramente identificable. Jalisco conserva el dominio, Michoacán ofrece la referencia de productividad, Baja California mantiene los precios más elevados entre los grandes productores pero enfrenta una fuerte reducción de superficie, y Puebla aparece como una zona emergente. La siguiente etapa competitiva dependerá de combinar tres objetivos: detener la pérdida de hectáreas donde el cultivo conserva valor, elevar rendimientos en superficies ya establecidas y reducir la vulnerabilidad económica derivada de cambios bruscos en los precios.

    Fuente de la información

    Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025