Disponibilidad comercial del cultivo de frambuesa

El mercado mexicano de frambuesa opera bajo una lógica claramente orientada hacia el exterior, con una producción nacional que ha crecido de forma sostenida durante la última década. En 2024, México produjo 175,539 toneladas de frambuesa, y de ese volumen, cerca de la mitad se destinó a mercados de exportación. Este dato por sí solo revela algo importante sobre la dinámica comercial del cultivo, ya que una porción significativa de lo que se cosecha en territorio nacional termina en canastas de consumidores en otros países, principalmente en Estados Unidos.

La concentración geográfica de la producción es otro rasgo distintivo de este cultivo. Jalisco encabezó la producción con 110,250 toneladas, seguido por Michoacán con 31,435 y Baja California con 28,129. Estas tres entidades reúnen, en conjunto, prácticamente la totalidad del volumen cosechado en el país, lo que convierte a esta franja del territorio mexicano en el eje comercial de la frambuesa nacional. Cada región cumple una función distinta dentro de esta cadena. Jalisco funciona como el motor de volumen, con municipios como Jocotepec y Zapotlán el Grande liderando la producción a nivel nacional. Baja California, por su parte, concentra una producción altamente tecnificada, orientada casi de forma exclusiva a la exportación en fresco hacia la frontera con Estados Unidos, lo que le permite obtener un valor comercial proporcionalmente mayor al de su volumen físico. Michoacán mantiene una posición de fortaleza tradicional dentro del sector berries, complementando la oferta con una infraestructura logística ya consolidada gracias a su experiencia en otros frutos rojos como la zarzamora y la fresa.

El destino de la fruta mexicana está fuertemente concentrado en un solo comprador. Del total exportado, la gran mayoría cruza la frontera hacia Estados Unidos, aunque también existen envíos hacia países como Canadá, Países Bajos, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, entre otros mercados que han mostrado interés creciente por la fruta mexicana. Esta dependencia comercial hacia un solo país representa tanto una fortaleza, por la cercanía geográfica y los acuerdos comerciales vigentes, como un riesgo, ya que cualquier cambio en la política arancelaria o en las condiciones de acceso a ese mercado puede afectar de forma directa la rentabilidad del sector. Quienes buscan entender a fondo las implicaciones financieras de esta relación comercial pueden revisar los aspectos económicos que determinan la rentabilidad de este cultivo, donde se detallan los costos asociados a la producción orientada a exportación.

El valor comercial generado por esta actividad ha crecido de manera notable en los últimos años. El valor de las exportaciones pasó de 1,749 millones de dólares en 2019 a 9,394 millones de dólares en 2024, aunque el punto máximo se registró en 2023 con 10,118 millones de dólares. Este comportamiento refleja no solo un incremento en el volumen físico enviado al exterior, sino también una mejora en los precios obtenidos y en la calidad de la fruta que sale del país, resultado de años de inversión en tecnología de cultivo protegido y en variedades genéticas de mayor rendimiento.

La estacionalidad también juega un papel determinante en la dinámica de venta. Los productores mexicanos han ajustado sus ventanas de cosecha para evitar competir directamente con la oferta proveniente de Perú, desplazando su producción hacia la primavera, entre febrero y mayo, periodo en el que logran obtener mejores precios en el mercado internacional. Esta estrategia de calendarización responde a la necesidad de diferenciarse frente a otros países productores y de aprovechar las ventanas comerciales en las que la demanda supera a la oferta disponible.

El consumo interno, aunque secundario frente al volumen exportado, muestra una expansión sostenida, impulsado tanto por el consumo en fresco como por la industria de procesamiento, que utiliza la fruta para conservas, jarabes y otros derivados. Esta diversificación de canales de venta comienza a ganar relevancia dentro de la estrategia comercial del sector, especialmente en un contexto donde las presiones climáticas y comerciales obligan a los productores a diversificar riesgos. Para quienes evalúan incursionar en este negocio o ampliar su participación en él, resulta útil revisar dónde se concentran actualmente las oportunidades de negocio que surgen de estas presiones del mercado, un panorama que combina la fortaleza exportadora tradicional con nichos emergentes en procesamiento y mercados alternativos al estadounidense.


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