Producir frambuesa exige un desembolso considerable desde el primer año, porque este berry combina infraestructura protegida, riego tecnificado y una demanda intensa de trabajo manual que se mantiene durante todo el ciclo productivo. En México, el establecimiento bajo macrotúnel representa la mayor parte de esa inversión inicial. El uso de macrotúneles implica un alto costo e inversión inicial, que oscila entre 20 y 30 mil dólares por hectárea, cifra que incluye la estructura metálica, el plástico protector y los sistemas de fijación necesarios para soportar viento y lluvia.
Ese monto no cubre únicamente el techo de plástico. Dentro del rubro de infraestructura protegida se contempla la instalación de postes de acero galvanizado, los largueros que sostienen la cubierta y las sogas con protección ultravioleta que dan resistencia estructural, además de la mano de obra especializada que arma el sistema completo. A esto se suma el sistema de riego por goteo, que en la frambuesa resulta indispensable porque la planta requiere humedad constante pero no tolera encharcamientos, ya que su raíz es sensible a la asfixia radicular.
El segundo gran bloque de gasto corresponde a la preparación del suelo antes de plantar. Esta etapa incluye análisis edáfico, aplicación de materia orgánica compostada, fertilización base y, en muchos casos, fumigación del terreno para reducir la presencia de patógenos y nematodos que puedan afectar el sistema radicular joven. Estas labores se concentran en las primeras semanas del proyecto y, junto con la compra de plantas certificadas libres de virus, conforman lo que se conoce como año de establecimiento, un periodo en el que se invierte capital sin obtener todavía ingresos por cosecha.
Una vez que la plantación entra en producción, los costos cambian de naturaleza. Dejan de ser gastos de instalación y se convierten en costos recurrentes de operación, que se repiten cada ciclo. Entre ellos destacan la fertilización periódica, el control fitosanitario contra plagas y enfermedades, el mantenimiento del sistema de riego, la poda de cañas y, sobre todo, la mano de obra de cosecha, que constituye uno de los componentes más pesados dentro de la estructura de costos totales. La frambuesa se recolecta a mano, fruto por fruto, porque su textura delicada no admite manejo mecanizado sin dañar la calidad comercial. Este factor convierte al cultivo en una actividad con un nivel de intensidad laboral muy superior al de otros berries, un aspecto que se analiza con mayor detalle al revisar la demanda de mano de obra que exige este cultivo a lo largo del año.
En términos de escala nacional, la magnitud del capital involucrado se refleja en las cifras de producción. En 2024 la producción de frambuesa en México alcanzó un total de 175,538 toneladas, obtenidas de 9,872 hectáreas cosechadas, con un rendimiento promedio nacional de 17.8 toneladas por hectárea. El precio promedio nacional fue de 73,041 pesos mexicanos por tonelada, lo que llevó el valor total de la producción a 12,821.6 millones de pesos mexicanos. Estas cifras confirman que, aunque la superficie sembrada es modesta frente a otros cultivos agrícolas del país, el valor económico generado por hectárea es considerablemente alto, lo que explica por qué atrae inversión pese a sus costos elevados de arranque.
La rentabilidad, sin embargo, no depende solo del volumen cosechado, sino de la relación entre el precio de venta obtenido y el costo total acumulado. Baja California fue la entidad donde se obtuvo el mayor precio promedio por tonelada, con 119,144 pesos, una diferencia notable frente al promedio nacional que ilustra cómo la ubicación geográfica, la ventana de cosecha y el destino del producto, sea exportación o mercado interno, modifican de forma directa el retorno económico de cada hectárea plantada.
Frente a este panorama de costos altos pero también de ingresos potencialmente elevados, conviene entender dónde se concentran los márgenes más favorables dentro de la cadena productiva actual, especialmente considerando la presión que ejercen los costos de insumos, energía y mano de obra sobre la utilidad final del productor. Esa lectura, orientada a identificar los segmentos con mejor relación entre inversión y retorno, se desarrolla con mayor profundidad al examinar las oportunidades que surgen ante las presiones actuales del mercado. En conjunto, la estructura de costos de la frambuesa deja claro que se trata de un cultivo de alta exigencia financiera, donde el éxito económico depende tanto de controlar el gasto operativo como de asegurar un precio de venta que compense la inversión sostenida durante todo el ciclo productivo.
